miércoles, 8 de febrero de 2017

Trump contra las cuerdas británicas

Hace una semana y en tan solo un día, 1’4 millones de británicos han firmado un petitorio en contra de la visita de Donald Trump a Reino Unido. Los británicos se posicionan contrarios a las medidas de aislamiento y a la actitud misógina del presidente de EEUU, pero se quedan solos ante la decisión de la Primera Ministra Británica de “mantener” la visita. ¿Esto puede estar sucediendo? ¿Puede una de las democracias más antiguas de la historia pasar esto por alto?

El apoyo incondicional a la visita promovida por la casa real británica, está causando numerosas protestas callejeras en las distintas capitales del Reino Unido, que se manifiestan en contra de las medidas de veto migratorio a siete países musulmanes. El gran revuelo de esta visita se debe a la legitimación de la presidencia de Trump a través de esta recepción, es decir, la aceptación de sus medidas deshumanizadas y discriminatorias.

Las medidas tomadas por Donald Trump, en estas últimas semanas, y el posicionamiento de silencio de Theresa May, Primera Ministra Británica, hacen que se muestre el lado más radical del país: una postura a favor del brexit. Defendiendo, así, medidas comunes entre los dos líderes, como la imposición de fronteras, las actitudes racistas y el rechazo hacía los nuevos movimientos migratorios.

Además, la recepción de la Reina Isabel II a Donald Trump puede llegar a ser “vergonzosa”, tras los numerosos rechazos de Trump a la mujer y la insistencia de posicionar a esta como un ser inferior al hombre. Esta actitud se recoge en alguno de sus libros, “Nación Trump: El Arte de Ser Donald”, en el cual expresaba “que la mejor parte de una película es cuando mandaban callar a las mujeres” o en los comentarios que regalaba a su oponente Hillary Clinton: “Hillary Clinton sería una mala presidenta por culpa de las acciones de su marido”.

Los intereses económicos y la búsqueda de apoyos de los dos países, tras las continuas tensiones con la Unión Europea, se pueden palpar en el ambiente. La necesidad de un acuerdo comercial, tras la salida de EEUU del Tratado Transpacífico y la futura salida de Gran Bretaña de la Unión Europea, además de la exigencia de tener un nuevo socio tras el aislamiento de ambos países, están sacando a la luz las carencias de dos sistemas democráticos obsoletos y poco reales.


Fuente: eldiariony.com